RIATA Pensar y actuar a contracorriente
La revolución en Panamá es cuesta arriba, contracultura y contracorriente.
Pero sigue siendo la opción de los humildes.
Pedro Rivera
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Dr. Juan C. Mas
Al iniciar esta presentación me he de referir muy someramente a la formulación del papel del Estado dentro de las concepciones de carácter socialista, ya sea en su variante marxista- leninista o en la acepción inicial social- demócrata. Estas dos versiones de la idea socialista original parten del reconocimiento de que la riqueza fundamentalmente es creada, no por el capital monetario o financiero, sino por el capital humano, más propiamente dicho: por los trabajadores. Compartimos la concepción de que este capital humano es constituido por Educación, Salud y Tradiciones laborales, las cuales son potenciadas por las otras formas de capital. He aquí un postulado al cual es preciso volver cada vez que se interpongan distanciamientos conceptuales entre las partes citadas.
Las versiones citadas de la idea socialista postulan, cada una en su forma y estilo, que el Estado tiene una forma y un contenido divergentes: La forma acepta el papel de fiel de la balanza que supuestamente armoniza las relaciones entre las clases que componen la sociedad; el contenido es necesario desenvolverlo de entre la maraña de ocultamientos cosméticos cual púdicos velos. Este no es más que la administración de la fuerza jurídica, económica y uniformada en el sentido de someter a las clases trabajadoras en beneficio de las clases dominantes. Este papel no se borra nunca y cuando el poder recae en manos del pueblo debe usarlo para someter a control a los antiguamente dominantes para -mediante la dirección de la política y organización social- ir borrando las diferencias entre clases hasta hacerlas desaparecer. Esta concepción la expresa y la formula como práctica cada fuerza con sus diferentes matices.
La idea de adjudicar al Estado las tareas de equiparar las clases es común a las distintas expresiones de la idea socialista ya sea en su versión comunista o en la socialdemocracia primigenia. Esta misión no debe confundirse con la armonización de clases en una permanente asociación de estratos sociales que mantienen su diferencia en el acceso al bienestar, ya que lo central de la idea socialista es la equidad dentro de la unidad. Otro elemento que hay que aportar es la noción de los tiempos dentro de la programación igualitaria, tema este que en la historia es motivo de ejemplos de diferentes estilos de planificación de la idea social central. En la actualidad un claro ejemplo de lo expresado anteriormente es el caso de China que establece plazos para lograr la inclusión progresiva de toda su población dentro de la esfera del bienestar.
Pero aparte de esta explicación clásica, el Estado aun sin perder su carácter de clase, ha asumido en la historia papeles complementarios del que enunciáramos primeramente; dentro de estos se destaca la función de dirigir la organización de la economía para borrar las diferencias entre las regiones de un país como precondición para la integración de un mercado nacional único. Esta integración debe preceder a la posterior tarea de borrar los predominios entre clases. Así, clásicamente el Estado burgués triunfante contra el feudalismo logra borrar las diferencias regionales mientras que el Estado burgués frustrado -o fallido- mantiene las diferencias entre regiones de un mismo país. Miremos alrededor en el mundo y comprobaremos que no hay Suiza pobre y Suiza Rica; no hay tampoco Suecia pobre y Suecia Rica. En cambio los países subdesarrollados todos, sin excepciones, contienen distintas regiones de desarrollo. En Panamá es clásico el estudio de geografía económica, realizado por la Dra. Ligia Herrera, plasmado en un Atlas de Desarrollo Económico Social en el cual se detectan cuatro regiones de desarrollo diferente: 1- La Región de Transito; 2- la Región de Producción Agro-ganadera; 3- la Región Urbano Marginal y 4- la Región Indígena. Esto no es particular de nuestro país y cualquiera de la región latinoamericana puede construir sus propias regiones de desarrollo diferente.
La nación panameña, después de 110 años de vida independiente, está consciente que el esquema de desarrollo interno diferente, impuesto al país por la presencia en su seno de una ruta de tránsito interoceánica, primero ferroviaria y después canalera, no ha hecho más que ahondar la existencia de dos países conviviendo bajo un mismo Estado: el país de tránsito y el país profundo agro-productivo; el primero rozando promedios de productividad que le conceden rangos que ostentan los países punteros de la economía mundial, aunque con una profunda inequidad y un desempleo barrido bajo la alfombra en la forma de subempleos, actividades precarias, trabajo no decente y una extendida marginalidad.
Por otra parte tenemos un país profundo agro-productivo, ligado a la realización de tareas irrenunciables para la seguridad alimentaria mundial, tareas estas que no han de desaparecer jamás de la prioridad humana. No obstante, la dimensión de la importancia económica de esta parte del país se reduce progresivamente, evidenciada en la precarización de su significación en el PIB, y se minimiza realmente por la reducción del área geográfica destinada a estos menesteres y por la fuga masiva de la población hacia la zona de tránsito.
Esta dicotomía de los dos países, que ha sido rehuida como tarea pendiente por las administraciones de la república, salvo escasas y honrosas excepciones, de las cuales se destaca el periodo bajo la conducción de Omar Torrijos, no ha sido tratada y por lo tanto permanece inalterada, ilegitimando para la historia a los sucesivos gobiernos republicanos y se ha profundizado por la grave falencia conceptual del presente gobierno.
La anterior reflexión obliga a la ciudadanía a trazar una raya de no retorno en su aspiración de desarrollo armónico e integral para toda la república. No obstante observamos con preocupación que el debate nacional gira alrededor de la gestión gubernamental; en ellos el oficialismo muestra sus obras y argumenta la necesidad de proseguirlas, y la oposición obligadamente se refiere a ellas.
La oposición no las rebate, antes bien, insiste en que las proseguiría y añadiría otras, pero sin sobrecostos. Es decir: En lo económico no se cuestiona esa gestión en su dirección estratégica sino en su probidad. En lo político se cuestiona el autoritarismo, su injerencia en la vida de los colectivos ajenos y el recurso a la judicialización de la política para invalidar a contrincantes. En lo social es sabido que el crecimiento pregonado no es desarrollo real porque no es incluyente. El gobierno afirma que hay decrecimiento del desempleo; para ello se apoya en criterios elaborados en la Contraloría según los cuales esos vendedores ambulantes que se encuentran en las intersecciones del tránsito no son desempleados sino que están incluidos en la economía.
En suma las fuerzas que se oponen al régimen argumentan que pueden hacer lo mismo pero más honestamente en lo económico y más afables, mas caballerescos y menos gansteril en lo político. En suma no difieren en nada trascendente y esto debe ser nuestra preocupación no táctica sino estratégica porque lo que está en juego es el diseño requerido de nuestro Estado y la Sociedad.
El gobierno actual ha pisado el acelerador en el desarrollo de las potencialidades previstas del modelo económico tradicional, que es el mismo -salvando distancias- del que se impuso a la economía nacional desde la fundación del Estado.
Se insiste en la singapurización a ultranza y se prescinde de las posibilidades de los sectores primario y secundario de la economía.
Dentro del círculo de opinantes con pretensiones electorales ninguno quiere discutir las responsabilidades de los panameños, que como colectivo social que forma parte del mundo, debe hacer un aporte obligado a la canasta alimentaria planetaria. En el futuro solo tendrán legitimidad los países que produzcan alimentos.
No se quiere prever la tugurizacion de nuestras ciudades cuando los campesinos, sin posibilidad de supervivencia sobre la tierra, acudan a vivir de las migajas que ofrecen las urbes.
Aquello está ajeno al debate, no digo electoral, sino político.
En otro campo del análisis, escuchando a brillantes economistas, me insisten en que el modelo actual es exitoso y está cubierto por las expectativas de la producción minera, de energía y por la intensificación del potencial transitista. La diferencia está en que el ejercicio del poder es de disfrute para pocos y no para muchos. Ellos tomarían el poder para hacer más de lo mismo pero con una apropiación de clases distintas. ¿? Este tipo de análisis no es nuevo sino es la esencia de lo que en años atrás se bautizó como desarrollismo. El tema ambiental como parte de la opción económica es peyorizado por todos.
En Panamá el agrarismo futurista, el industrialismo conveniente y el ambientalismo consecuente parecieran ser la estrella no visible en el caminar de nuestros reyes mogos de la economía.
En realidad tal sentimiento debe tener la fuerza de un criterio de verdad científica pues el nuestro es un país con un importante territorio interno -o hinterland- con vocación productiva. Sistemáticamente se nos ha reiterado desde los altos círculos del poder presidenciales la idea de la singapurización o la de transformarnos en el Dubái del trópico. Sin embargo la realidad ambiental nos grita que el nuestro es un país cuya potencialidad trasciende a la del puro y único transitismo. Repasando las referencias geo-demográficas que están a nuestro alcance en la Red podremos certificar que Singapur es un archipiélago de islas rocosas de apenas 600 km cuadrados o sea casi dos terceras partes de lo que fuera la zona del canal; mientras que Dubái, si bien con sus casi 4000 km cuadrados de extensión pudiera asimilarse a la provincia de Los Santos, no es más que un inmenso manto de arena con un gigantesco casino montado encima.
Las reflexiones que devienen de la comprensión del marco ambiental que opera como telón de fondo de nuestras explicaciones nos permitirán recrear el necesario balance de una nación bi-unívoca, o sea un país con dos vocaciones que -como el mitológico gigante Anteo- derive su fuerza del contacto con la tierra, sin descuidar las potencialidades de su condición geográfica y ambiental
Hoy nuestra independencia depende en gran medida de la conservación de nuestro patrimonio natural. De tal forma, temas como el agua, las cuencas y los bosques son parte integral de la lucha por la preservación de nuestra independencia, soberanía y autodeterminación.
Esta noción nutre al esquema interpretativo que debemos tener del contexto nacional actual, ya que toda interpretación del mismo debe partir de la interpretación ecológica de la realidad. En consecuencia de lo anterior y como portadores de tal instrumento de análisis ecológico encontramos que la nación panameña enfrenta tres retos o necesidades.
1. Encontrar la fórmula de progreso sostenido y expandido que confiera estabilidad al conjunto de la nación y no solo a su zona de tránsito.
2. Establecer políticas intervencionistas en los sectores de la economía que no han demostrado capacidad de modificar el curso social de la política nacional.
3. Establecer el marco de bienestar nacional que sirva para contener y controlar la actividad del narcotráfico inhibiendo su capacidad de intervención política y social
Para lograr lo anteriormente expuesto es menester encontrar la forma de relación entre los sectores social y privado de la economía basada en el respeto mutuo y en la complementaridad, reservando para el Estado los sectores estratégicos tales como energía, telecomunicaciones, educación, salud y comunicaciones viales que permitan a la actividad privada trabajar con una sólida retaguardia estratégica.
La voluntad nacional de cambio del Estado y la Sociedad, tanto en su faz interna como en su proyección internacional está latente y se ha expresado en coyunturas críticas como la que se vive ahora. Las anteriores fueron el 12 de diciembre de 1947 y el 9 de enero de 1964. Lo central y característico de aquellas jornadas es que planteaban la recuperación del potencial de desarrollo albergado en la zona de tránsito. Ahora se necesitan planteamientos y jornadas de recuperación del país productivo no transnacionalizado
La opción por un cambio profundo es tan importante y significativa que la podemos comparar a la porción sumergida de un iceberg. Esto se mantendrá temporariamente así mientras no desemboquemos en una situación de crisis revolucionaria
La opción por un cambio no es aparente aun a los ojos desprevenidos. La parte visible del descontento popular solo se expresa como en la superficie del témpano flotante, en forma de sectores que sistemática y permanentemente expresan inconformidad con la cotidianeidad, pero aun no logran encontrarse con la opción por el cambio radical.
Por lo tanto se mantienen como actores manipulados en el marco de las distintas expresiones de deliberación entre las partes encontradas del sistema como han sido los diálogos distractivos y las asambleas cívicas de todo tipo, las cuales terminan reconduciendo las demandas populares, ocultando la opción por el cambio profundo y mediatizando la voluntad popular
Estimo que la necesaria unidad popular de fuerzas políticas y sociales es más fácil construirla convergiendo alrededor de una declaración de motivos y principios y no a través de pactos electoreros. En consecuencia es necesario que las fuerzas sociales que se oponen al actual estado de cosas efectúen una solemne “Declaración de Advertencia”, dirigida a las compañías que invierten en concesiones de uso, adquisiciones de patrimonio social y natural inalienable (tales como subsuelo en tierra firme y subsuelo bajo aguas, islas, cursos de agua y cabeceras de los mismos, playas y bosques protegidos) y en emprendimientos de carácter estratégico, hídrico, vial, comunicacional, energético y minero, señalando que por su naturaleza, estas deben ser de carácter estatal y sometidos a la voluntad social de uso adecuado o prohibición de los mismos.
De igual forma esta advertencia debe dirigirse a aquellas personas que en su carácter de funcionarios públicos, de primer orden o nivel secundario, coadyuven a facilitar la apropiación indebida, enajenación y despilfarro de los recursos naturales y patrimonio social enumerados anteriormente, y que como consecuencia pongan en riesgo jurídico el patrimonio del Estado y del conjunto de la nación.
Con respecto a los inversionistas que emprenden acciones depredadoras en el territorio nacional debemos advertirles que no deben ampliar su inversión y presencia física, porque la voluntad nacional es:
1. Clausurar y expulsar todas esas explotaciones y emprendimientos cuando sea necesario ambientalmente;
2. Expropiarlos cuando su producción sea necesaria socialmente para dirigirla al bienestar colectivo.
3. Regularla o controlarla, dentro de una visión de emprendimiento conjunto, cuando así lo permitan las necesidades de desarrollo sin menoscabo de la soberanía e independencia nacional.
Con respecto al funcionariado público de jerarquía superior, señalado anteriormente, que se desempeñen en funciones ejecutivas, legislativas o judiciales se les debe advertir que no deben insistir y fundamentar falsamente su intermediación para vulnerar el patrimonio social de todos los panameños, porque la voluntad nacional es:
1. Auditar exhaustivamente la ejecución general de todo el Gobierno y en particular de cada proyecto y acción ejecutada con base a los fondos públicos presentes y futuros.
2. Vincular la responsabilidad particular en el desempeño público con el patrimonio privado, personal o corporativo, de cada funcionario encontrado culpable de dilapidar los recursos del pueblo y la Nación panameña, mediante acciones cautelares sobre los bienes de quienes atenten sobre el patrimonio social de los panameños.
Con respecto a las instituciones del poder público en sus distintas variantes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, debemos advertirles que han sido desnaturalizadas irremediablemente y en consecuencia es necesario refundar el Estado con un nuevo carácter social, popular y con protagonismo de masas.
Las anteriores consideraciones han de servirnos para abordar desde otro prisma el tema electoral que tanto interés y tantas pasiones despierta. Todos podemos comprobar que a partir del modelo político impuesto por la invasión y aun mas allá después de los Tratados Torrijos Carter, se ha producido un esquema de representaciones legislativas afectadas por su dependencia de inversiones financieras, las cuales se producen distorsionando la real representatividad de los electores, ya que para hacerlo les resulta necesario invertir mucho más dinero del que podrían recuperar como salario en el desempeño de las funciones para la cual se es ungido. Pero no hablemos de la posibilidad (realmente existente) de que terceras fuerzas incidan en la financiación de estas postulaciones. Veamos el caso concreto de una compleja y dilatada urbe, en la cual un ciudadano cualquiera habitualmente no es conocido por sus convecinos, pero si lo es entre sus compañeros de trabajo. Lo anterior pone de manifestó la precariedad de la representación por vecindad geográfica expresada en los circuitos electorales.
El ejemplo opuesto es el de la comunidad de labores. En realidad esta representación por diputación de un estamento social siempre ha sido la idónea para las tareas de refundación de un Estado. Todas las asambleas fundantes que determinan el curso nuevo de un Estado han sido conformadas por la representación que asume cada diputado o convencional como delegado de un determinado estamento social. Ello ha ocurrido así desde la revolución Francesa, pasando por la Revolución Rusa o cualesquiera otro ejemplo histórico de relevancia. En nuestra particularidad nacional, cuando se inició aquel proceso de cambios renovadores en el diseño del Estado Nacional que dio inicio a un nuevo carácter del Estado para poder afrontar con éxito las tareas de la recuperación del Canal, no hubo otro expediente que crear una nueva Constitución Nacional que fue aquella de 1972.
¿Y cuál fue el organismo creado para darle vida? Una comisión de legislación cuyos integrantes provenían de distintas profesiones y agrupaciones sociales. Llamemos a esto por su nombre: era una representación por estamentos sociales.
La representación por estamento social es la única salida para la nueva refundación de la república; y eso se puede lograr aun antes de asumir el poder real del Estado y cumplir un programa de cambios debatidos en su seno
Para poder abordar las nuevas tareas es necesario actualizar el criterio de dependencia que se mantiene en la actualidad, ya que si en épocas pasadas la dependencia era directa con respecto a un poder estatal extranjero de forma colonial, en la actualidad esta dependencia se impone a través de corporaciones transnacionales, las cuales intermedian la relación de dependencia.
Con esa comprensión debemos unir el trabajo de todos nosotros transformado todas las advertencias mencionadas anteriormente en un verdadero Programa Mínimo de Liberación Nacional y Progreso Social.
APORTES PARA EL DEBATE SOBRE
LA NATURALEZA DE NUESTRO ESTADO